En el pequeño pueblo de El Jem se alzan las impresionantes ruinas del más célebre coliseo romano de África del Norte, un inmenso anfiteatro con cabida para unos 30.000 espectadores.
La antigua ciudad, llamada Thysdrus, fue fundada por los fenicios.
Visitar el Jem es rememorar el pasado, sentir la fuerza de los gladiadores...
El Jem, uno de los últimos anfiteatros construidos en el mundo romano, data de principios del siglo III d.C. y es el mejor conservado en el mundo. En capacidad ocupa el cuarto lugar tras el Coliseo de Roma, el Anfiteatro de Capua y el Anfiteatro de Pozzuoli.Tiene forma elíptica, con 36 metros de altura.Tenía tres pisos con 60 arcadas corintias. Bajo el suelo de la arena tiene dos galerías en forma de cruz bordeadas de celdas abovedadas destinadas a los combatientes y a las fieras. Su acceso estaba en la planta baja, con grandes arcadas sobre las cuales había una inscripción simbólica que correspondía a un barrio concreto de la ciudad, de manera que los espectadores debían entrar y salir por la puerta que les estaba asignada para evitar aglomeraciones. Esas mismas arcadas conducen a unos pasillos paralelos al perímetro de la arena de los que nacen unas escaleras que conducen a los tres pisos y desembocan en las gradas.
El material utilizado para la construcción fue arenisca de la zona de Mahdia, una piedra resistente y fácil de tallar.
En el coliseo podían verse espectáculos sangrientos oponiendo gladiadores y fieras o bien condenados a muerte, casi desarmados, a adversarios armados o a fieras. Si
estos condenados a muerte lograban sobrevivir, al cabo de tres años, se les concedía la libertad y se beneficiaban de una pensión.
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.
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Fotos: C. Marfil Toscano